¿Sabes porqué me aferro a la imposibilidad? No creo que pudiera quererte bien, si es que hay una manera correcta. Me paralizaría el miedo. Me asustaría la realidad. Sudaría, probablemente vomitaría, no dormiría. Te ahuyentaría y si no te marcharas, no lo entendería, me negaría, te rechazaría, ...
Pero mientras seas imposible puede soñarte entera, perfecta, como la línea de una función que tiende a infinito, cada vez más cerca, cada vez más perfecta, pero nunca completa...
viernes, 13 de noviembre de 2009
martes, 10 de noviembre de 2009
3.- Incongruencias
Odio no tener excusa para poder quedar contigo más días.
Odio temblar tanto ante la idea de acercarme a ti.
Odio el miedo, el pavor, que me provoca pensar que pudieras saber lo que por ti siento.
Odio no saber expresarme mejor.
Odio no poderte seducir con la mirada, las palabras o siguiendo el rtimo de la música.
Odio no atreverme a preguntar.
Odio no podértelo insinuar.
Odio el miedo, mi miedo, en general.
Odio tenerte tan cerca y tan lejos, y ser un tópico, pero más triste, más lejana, menos cierta.
Odio conformarme con darte las buenas tardes.
Odio no poderte tocar fuera del juego.
Odio que el juego nunca sea de dos.
Odio el convencimiento de que me rechazarías.
Odio mis convicciones, mis seguridades, que nacen de mi inseguridad.
Odio preferir la duda a un no.
Odio no escucharte cada día.
Odio saberte lejana, apartada, inalcanzable.
Odio reconocer la imposibilidad a cada paso.
Odio haberme acostumbrado a esto.
Odio pensarte, sentirte, oirte.
Odio no pensarte, no sentirte, no oirte más.
Odio tropezarme siempre en ti.
Odio mis anhelos, mis desesperanzas.
Odio quererte.
Odio pensar que si no fuera porque no tienes marido ni yo señor, yo sería tu trobador, vasallo indigno, escritor de un amor inalcanzable, presto a morir de amor.
Odio temblar tanto ante la idea de acercarme a ti.
Odio el miedo, el pavor, que me provoca pensar que pudieras saber lo que por ti siento.
Odio no saber expresarme mejor.
Odio no poderte seducir con la mirada, las palabras o siguiendo el rtimo de la música.
Odio no atreverme a preguntar.
Odio no podértelo insinuar.
Odio el miedo, mi miedo, en general.
Odio tenerte tan cerca y tan lejos, y ser un tópico, pero más triste, más lejana, menos cierta.
Odio conformarme con darte las buenas tardes.
Odio no poderte tocar fuera del juego.
Odio que el juego nunca sea de dos.
Odio el convencimiento de que me rechazarías.
Odio mis convicciones, mis seguridades, que nacen de mi inseguridad.
Odio preferir la duda a un no.
Odio no escucharte cada día.
Odio saberte lejana, apartada, inalcanzable.
Odio reconocer la imposibilidad a cada paso.
Odio haberme acostumbrado a esto.
Odio pensarte, sentirte, oirte.
Odio no pensarte, no sentirte, no oirte más.
Odio tropezarme siempre en ti.
Odio mis anhelos, mis desesperanzas.
Odio quererte.
Odio pensar que si no fuera porque no tienes marido ni yo señor, yo sería tu trobador, vasallo indigno, escritor de un amor inalcanzable, presto a morir de amor.
viernes, 6 de noviembre de 2009
un juego extraño

["Wait, no, that one also loses. How about a nice game of chess?"]
(A.I. Cargado
>>>Analizar amor
Un juego extraño.
La única jugada ganadora es no jugar.
[Espera, no, esa también pierde. ¿Qué tal una bonita partida de ajedrez?]).
He encontrado en esto la perfecta explicación.
Creo que me voy a pasar yo también al ajedrez...
jueves, 5 de noviembre de 2009
Tiempos (finalmente) pasados...

(¿Dejará de doler algún día?
Pain = dolor
(ella) = cuánto está todavía en mi vida
Por favor, que d sólo dure unos pocos días
... o semanas
Supongo que hay algún tipo de límite años después,
cuando deja de importar y podemos ser amigos.
¿Quiero eso?
¿Es K1 positivo? ¿Es K2 grande?
¿Dejaré algúna vez de sentirme así?)
Parece que esto corresponde a tiempos pasados. Parece. Tiempos pasados, por fin...
martes, 3 de noviembre de 2009
2.- Tú
Le hablo a un tú ficticio porque no puedo hablarte a ti. Sé que es muy probable que hoy, más tarde, te vea. Si no cuento los minutos es porque cualquier cifra mayor a cero se parece horrorosamente a infinito. Te daré las buenas tardes y si me sale algo bien te agradeceré tu reconocimiento. Te diré hasta el jueves y una cierta sensación de frustración se irá apoderando de mí. El encuentro tanto tiempo esperado, tantas veces recreado por adelantado, se irá antes de que me de tiempo a respirarlo. Apenas podré sentirte y ya te habrás ido.
Pensé, inocente de mí, que hablándote, hablándole a este tú tan paciente, te iría alejando, que poco a poco dejaría de necesitar tu presencia y compañía. Deseaba, y todavía deseo, que se me pasara, que no aparecieras en mi recuerdo más que en las ocasiones pertinentes, sin interrumpirme en cualquier tarea cotidiana. Creí que dejarías de ser mi fantasma que me acompaña en el metro, por la calle, con mi música o una película, que aparece en mis conversaciones, aunque sea de forma velada, que incordia a mis sueños y ambiciones. Hoy me cuesta pensar en el futuro si ese futuro significa renunciar a ti. Pero tú, como tú real, como interlocutor que escucha y no es mera potencialidad, no existes. No eres más que una sombra, un sueño, una nada. Y no, no es una decisión intelectual. Deseo tu cuerpo casi tanto como tu mente. Acariciarte, besarte, llegar al infinito. Si no lo menciono es porque prefiero no dejar que mi imaginación entre ahí, prefiero que sólo tu espíritu sea mi dueña y no también tu carne. Me da miedo emborracharme de ti, aunque sea en sueños. Eres una mala idea, un mal sueño, un fracaso a la espera de producirse.
Si un día, como si de un río se tratara, me confesara y conocieras tu condición de meandro, ese día dejarías de ser parte de este río. La ficción ya no se aguantaría. Esta ensoñación, esta excursión de mi imaginación, ya no podría soportar el peso de la realidad, tozuda, que me empuja siempre contra un muro.
Eres río, eres piedra, eres meandro. Fracaso y sueño. Eres todo menos Tú.
Pensé, inocente de mí, que hablándote, hablándole a este tú tan paciente, te iría alejando, que poco a poco dejaría de necesitar tu presencia y compañía. Deseaba, y todavía deseo, que se me pasara, que no aparecieras en mi recuerdo más que en las ocasiones pertinentes, sin interrumpirme en cualquier tarea cotidiana. Creí que dejarías de ser mi fantasma que me acompaña en el metro, por la calle, con mi música o una película, que aparece en mis conversaciones, aunque sea de forma velada, que incordia a mis sueños y ambiciones. Hoy me cuesta pensar en el futuro si ese futuro significa renunciar a ti. Pero tú, como tú real, como interlocutor que escucha y no es mera potencialidad, no existes. No eres más que una sombra, un sueño, una nada. Y no, no es una decisión intelectual. Deseo tu cuerpo casi tanto como tu mente. Acariciarte, besarte, llegar al infinito. Si no lo menciono es porque prefiero no dejar que mi imaginación entre ahí, prefiero que sólo tu espíritu sea mi dueña y no también tu carne. Me da miedo emborracharme de ti, aunque sea en sueños. Eres una mala idea, un mal sueño, un fracaso a la espera de producirse.
Si un día, como si de un río se tratara, me confesara y conocieras tu condición de meandro, ese día dejarías de ser parte de este río. La ficción ya no se aguantaría. Esta ensoñación, esta excursión de mi imaginación, ya no podría soportar el peso de la realidad, tozuda, que me empuja siempre contra un muro.
Eres río, eres piedra, eres meandro. Fracaso y sueño. Eres todo menos Tú.
domingo, 1 de noviembre de 2009
Boda
La persona que conozco más cercana a mí en edad (apenas nos llevamos un día) se acaba de casar. Hace mucho que no la veo y no es alguien de mi día a día. Pero aún así, siempre ha sido alguien con quien he compartido algo por el tonto hecho de sólo llevarnos un día. Una comparación más teóricamente igualada que esta no se puede dar, más aún cuando nos conocemos de toda la vida.
Mis primos se van casando. Los de mi edad. Los más mayores. Unos y otros, poco a poco, van entrando en esa vida de la que yo huía cuando tenía 15 años y me quejaba de la gente de mi cole. Una parte de mí lo envidia, a otra le entra miedo de pensar que esa también podría ser mi vida. Pero a veces creo que mi yo de 15 años en algunas cosas tenía mucha razón. Tiene que haber algo más...
Y puede que todo esto también tenga algo que ver con haber conocido ayer a una madre de apenas 21 años con un niño de 3, buscado, y pensado como la mejor idea del mundo.
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